El gran misterio del inconsciente

El gran misterio del inconsciente
Redacción

Mientras atravesamos nuestro día a día, intentamos reflexionar y pensar en profundidad cada acción que llevamos a cabo y cada palabra que dejamos en el aire.

 

 La búsqueda por no equivocarse y por responder a lo que creemos sentir es una constante; sin embargo, casi nadie se detiene a observar hasta qué punto realmente lo logramos. ¿Tenemos el control de todo lo que hacemos? Quienes responden que sí podrían desilusionarse, ya que más de una voz profesional razona lo contrario y propone que, en rigor, el inconsciente influye y nos afecta mucho más de lo que parece. Hace poco, un estudio científico realizado por la Escuela de Medicina Chobanian & Avedisian de la Universidad de Boston postuló una novedosa mirada sobre nuestra escondida voz interior.

“Sabíamos que los procesos conscientes eran simplemente demasiado lentos como para participar activamente en la música, en los deportes y en otras actividades en las que se requieren reflejos de una fracción de segundo. Pero si la conciencia no está involucrada en tales cambios, entonces se necesitaba una mejor explicación”, valoró el profesor de neurología Andrew Budson, uno de los autores del estudio. De acuerdo a la visión del científico, “esta falta de control sobre lo que hacemos es la razón por la que podemos tener dificultades para detener una corriente de pensamientos que pasan por nuestra cabeza, por ejemplo, mientras intentamos dormir”.

“Desde el psicoanálisis se plantea la existencia del inconsciente como una instancia fundamental del psiquismo y de la vida”, opinó en diálogo con la psicóloga Florencia Cereseto (MN 71253). “Es innegable su existencia y la muestra más clara son los actos fallidos, que es un idealización que conocemos casi todos y que se ve en la vida cotidiana”, agregó. ¿De qué se tratan los actos fallidos? A todos nos pasó alguna vez de escucharnos, decir algo y sorprendernos porque no era lo que en verdad queríamos decir. “¿De dónde salió eso? Lo dije yo, con mi propia voz, así que alguna parte de mí efectivamente lo está enunciando, me guste o no”, explicó la profesional.“No podríamos sobrevivir psíquicamente si todo lo que nos pasa permanece en la consciencia. Todo lo que vivimos en algún lado se aloja y opera desde allí (el inconsciente). Es muy poco lo que dominamos de nosotros mismos. En general, nuestras decisiones y nuestros actos responden a un montón de recuerdos, aprendizajes, creencias que van mucho más allá de la experiencia inmediata”, concluyó la experta. 

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Estas visiones se enmarcan en uno de los planteos históricos de Sigmund Freud, quien fue el padre del psicoanálisis. Según él, hay tres niveles en la psiquis humana: el preconsciente y el consciente, regidos por significados literales y evidentes; y el ya mencionado espontáneo, que sigue un orden oculto y propio.

Por su parte, la psicoanalista Deborah Bellota añadió que aquello que sucede en el inconsciente “no es de fácil acceso porque hay algún factor que nos lleva a rechazar esos contenidos, que están asociados a deseos que son difíciles de asimilar y que están también vinculados con miedos y a aspectos que no se pueden abordar”. Según la experta, esta parte de nuestra mente “se liga siempre con la primera infancia” y “puja todo el tiempo por salir” a la luz.

La psicoanalista ejemplificó su postura con los lapsus, que son manifestaciones del inconsciente: “Cuando quedamos en blanco en medio de una exposición que habíamos preparado y de repente no podemos decir nada por qué nos olvidamos de todo”.

Germán Picciochi, médico especializado en psiquiatría, neuropsiquiatría y neurología cognitiva: “Los determinantes de nuestra acción no son de pensamiento consciente. Es muy poco lo que decidimos racionalmente. Las evidencias científicas contemporáneas no dejan lugar a dudas: la gran mayoría de nuestras conductas están determinadas fuera de la conciencia. Esto es así, independientemente de que nuestro sentido común y el orden social supongan lo contrario”.

Según este especialista, el inconsciente nos influye en pequeños sucesos cotidianos que van “desde lavarnos los dientes al despertarnos hasta otros más complicados como conducir un vehículo. Si efectivamente realizaríamos todas nuestras tareas y procesos cognitivos de manera consciente, como supone el sentido cotidiano, sería inviable caminar y masticar un chicle, por ejemplo”.

Para Picciochi “no es casualidad que gran parte del trabajo de la psicología esté centrado en indagar sobre el inconsciente o sobre las conductas y los pensamientos automáticos, que son objeto de estudio frecuente en las terapias cognitivo conductuales”. Estos tratamientos consisten esencialmente en que cada persona pueda tomar distancia de lo que piensa y cuestionar su juicio para prevenir cuadros como la ansiedad o la depresión.

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