El embudo de Bordalás

El embudo de Bordalás
AGENCIAS / EL TIEMPO

Consciente de que era muy complicado hacer daño al Atlético con buen fútbol, José Bordalás planteó un encuentro feo, tosco, sin alardes y con más intensidad que florituras con un objetivo que consiguió: anular al líder, rascar un punto para dar un paso adelante hacia la salvación y animar LaLiga.

El técnico alicantino lo tenía muy claro y dio pistas en la víspera del duelo. En rueda de prensa avisó en varias ocasiones de que era clave no recibir un gol porque después iba a ser casi imposible marcar. Es más, el Getafe llegó a la cita sin saber lo que era hacer un gol al Atlético en los últimos nueve años. Para qué intentarlo si hay una maldición, pensó tal vez Bordalás.

Consciente de esa debilidad, el Getafe apostó por lo que más saber hacer: destruir más que construir. Y es que para el conjunto azulón no es difícil sacarse de la manga esa disposición de aparcar la creatividad para que prime la seguridad cimentada en la fuerza.

Con sólo un par de hombres imaginativos sobre el césped, Carles Aleñá y el colombiano Juan Camilo "Cucho" Hernández, Bordalás sacó al terreno de juego a nueve "perros de presa" implacables entre los que destacan nombres como el uruguayo Mauro Arambarri, el togolés Djené Dakonam, el franco-camerunés Allan Nyom, Marc Cucurella o el serbio Nemanja Maksimovic.

Por supuesto, del japonés Takefuso Kubo, ni hablar. El medio nipón, el más creativo de la plantilla del Getafe, no aparece en el once titular de Bordalás en las últimas cuatro jornadas. Es posible que se tire de los pelos por haber cambiado de aires después de no contar en exceso para Unai Emery en el Villarreal. En el Getafe, no ha encontrado la continuidad que desea y frente al Atlético, inició el choque desde la grada.

A Bordalás no le importó prescindir del jugador cedido por el Real Madrid. Quería jugar a otra cosa y para eso no necesitaba a Kubo. No le salió mal, sobre todo en la primera parte, en la que el Atlético apenas tuvo una oportunidad en las botas del belga Yannick Carrasco que desbarató David Soria con una buena mano.

No hubo nada más. El Atlético, que apostó por Saúl Ñíguez y por el argentino Correa para sentar a Lemar y a Joao Félix, no encontró nunca el camino. Llamativo que sobresaliera Marcos Llorente tapando huecos con carreras increíbles que evitaron más de un susto en algún que otro contragolpe azulón.

Las demostraciones atléticas de Llorente fueron un síntoma del triunfo de Bordalás. Obligó al Atlético a fajarse mientras se atascaba en casi todas las parcelas del centro del campo. Por eso, Simeone, a los 20 minutos de la reanudación, ya tenía sobre el césped a Joao Félix, a Thomas Lemar y a Moussa Dembélé.

Y cuando el Getafe comenzó a lanzar contragolpes, apareció un aliado inesperado para el Atlético. Nyom, acostumbrado a la picaresca cada jornada para desestabilizar a sus rivales, clavó los tacos en el tobillo de Lemar y tras la revisión del VAR, fue expulsado a los 70 minutos.

Aún con un hombre menos, el Getafe pudo protestar un penalti sobre Maksimovic. Luego tuvo que achicar agua y sus rezos surtieron efecto con un paradón de Soria a remate de Dembélé y a la suerte de una floritura de Luis Suárez que escupió el palo. Pero no hubo más. El planteamiento de Bordalás funcionó. Feo, pero efectivo. Su embudo dejó seco al Atlético y el Real Madrid sonrió. 

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