'A costa de su imagen, AMLO defenderá su proyecto': Rafael Rodríguez

'A costa de su imagen, AMLO defenderá su proyecto': Rafael Rodríguez

EL UNIVERSAL / EL TIEMPO

En cuanto a las mañaneras, forman parte de lo que Daniel Cosío Villegas denominaba el estilo personal de gobernar.

Desde su perspectiva, Rafael Rodríguez Castañeda no observa nuevas amenazas o acoso en contra de la libertad de expresión, por lo menos no mayores a las que ha visto a lo largo de sus 55 años de experiencia periodística.
En entrevista con EL UNIVERSAL, el exdirector de la revista "Proceso" califica al presidente Andrés Manuel López Obrador como "un hombre de pelea, que difícilmente se baja del ring" y que defenderá su proyecto a costa de su propia imagen.
¿Ve amenazada la libertad de expresión en México, luego de que periodistas han acusado ataques desde la mañanera del Presidente?
—En modo alguno. Desde mi perspectiva y a partir de mi larga trayectoria periodística no veo amenazas ni acoso a la libertad de expresión que no haya observado, de diferente modo y manera, a lo largo de muchos sexenios. En la escena, hay un gobernante dispuesto a defender su proyecto de cambio en el país a costa, incluso, de su propia imagen. Y, del otro lado, una parte del periodismo mexicano que ha confundido la crítica con el activismo opositor.
En cuanto a las mañaneras, forman parte de lo que Daniel Cosío Villegas denominaba el estilo personal de gobernar. Ese es el estilo de López Obrador. Lo fue como jefe de Gobierno del Distrito Federal y lo es ahora. Hay amenazas y agresiones reales a la libertad de expresión en los estados donde perduran los cacicazgos, donde impone su ley el crimen organizado y en donde ciertos gobernadores se sostienen, en parte, por la sujeción de la prensa.
¿Le parece que la prensa en México está polarizada entre simpatizantes y detractores del Presidente?
—Cada medio ejerce su libertad y practica el periodismo de la forma que cree conveniente para sus propios objetivos. Por supuesto, la prensa, como el país, está polarizada y en el debate entre pros y contras no prevalece ni la reflexión inteligente ni la profundidad de pensamiento, sino el denuesto, la diatriba y la descalificación. En ese sentido, México vive un presente lamentable y se avizora un futuro aún peor. Basta citar el ejemplo del plantón del Frente Nacional anti-AMLO (Frenaaa) en el Zócalo.
¿Qué opinión le merece que López Obrador llame "pasquín inmundo" a "Reforma"? ¿Qué opina de que públicamente señale a columnistas que un día hablaron positivamente de su gobierno en sus espacios en los diarios?
—Ante el recurrente embate crítico de "Reforma", el Mandatario responde con un descontón, indigno de un Jefe de Estado. "Reforma" ni es inmundo ni es pasquín, es uno de los periódicos de mayor resonancia en el país y responde, desde su creación, a intereses que nunca ha ocultado. López Obrador lo ha convertido en su interlocutor cotidiano, lo cual alegra sin duda al gerente de ventas del periódico.
En relación con la otra parte de la pregunta, López Obrador reflexiona: "Si no estás conmigo, estás contra mía, y te aguantas".
Dirigió largo tiempo "Proceso". ¿Qué obstáculos enfrentó en administraciones pasadas?
—Mi experiencia como director transcurre durante dos sexenios panistas, uno priista y el primer año morenista. [Vicente] Fox o por lo menos algunos de sus funcionarios pensaban que medios como "Proceso", después de la llamada alternancia, iban a apoyar su proyecto político y esperaban nuestra complacencia.
Pero en cuanto empezaron a exponerse las incompetencias y abusos de poder tanto del presidente como de la "vicepresidenta", reaccionaron peor que priistas: no fueron amenazas, sino agresiones directas [de su parte].
"Proceso" enfrentó un largo y costoso litigio por daño moral, emprendido por Marta Sahagún, que finalmente la Suprema Corte resolvió a favor nuestro. Vino luego el castigo: la supresión de toda publicidad del gobierno federal y las presiones para que los gobiernos de los estados aplicaran un boicot semejante. No recuerdo que con motivo de la demanda contra la revista haya aparecido algún desplegado de intelectuales y académicos denunciando acoso a la libertad de expresión.
Con Felipe Calderón la convivencia fue semejante. Semana a semana, la revista dio cuenta del baño de sangre al que sometió al país con su guerra contra el narco. En voz baja o alta, Calderón llegó a calificar a "Proceso" como "una revista golpista".
Pero hubo amenazas: como la que hizo Ramón Pequeño, agente de la Secretaría de Seguridad Pública, para obligarnos a exiliar a un reportero y a enviarlo como corresponsal a España. O cuando el inefable Genaro García Luna decidió exhibir ejemplares de "Proceso" como si fueran parte de la logística de un grupo de integrantes de la narcobanda La Familia.
Tampoco recuerdo a grupos de intelectuales y académicos que se hayan desgarrado las vestiduras por nosotros. Calderón continuó [con] un boicot publicitario.
[Enrique] Peña Nieto nos advirtió, desde antes de tomar posesión, a través de su cercanísimo colaborador Aurelio Nuño: ‘Consideramos que 'Proceso' es enemigo del gobierno’, me dijo, para en seguida añadir con cinismo: ‘Pero hasta con el enemigo uno se puede entender’. Hubo fintas, pero el entendimiento no se dio. La relación se mantuvo entre el regaño y el desdén, y el apretón publicitario continuó.
En cuanto al actual gobierno, con López Obrador hay una vieja historia que no es para contar ahora, pero la relación, ya como presidente electo, se ensució desde aquella famosa portada que tanto le disgustó, con el encabezado: "El fantasma del fracaso".
A ningún poderoso que pretenda transformar un país le gusta que desde antes de empezar le digan que puede fracasar. Él y su esposa denostaron a la revista y a mí en lo personal. Puedo decir que por lo menos durante el primer año de gobierno se abrió un poquito la llave de la publicidad.
¿Qué distancia hay entre hoy y el golpe a Excélsior?
—Entre 1976 y la actualidad hay un mundo de distancia. Muchas reglas del juego político y de la vida pública en general han cambiado. Lo que permanece es la tendencia al autoritarismo de quienes detentan el poder, cualquiera que sea su signo político. Aun así, no imagino a López Obrador como el [Luis] Echeverría del siglo XXI.
Sobre la publicidad oficial, ¿qué hay del modelo de negocio de los medios donde ésta juega un papel importante y cómo le va a "Proceso"?
—Forma parte de la relación perversa que ha existido en México entre los medios y el poder. Es un pésimo modelo de negocios.
El Presidente no va a cambiar su postura ante los medios, ¿éstos deben cambiar su postura ante él?
—De lo que pase por la mente de López Obrador, no tengo idea, pero sé que es empecinado. En cuanto a los medios, hay que recordar el dicho: "El que se lleva, se aguanta". A los intelectuales hipersensibles les recordaría que la relación con el poder es una rueda de la fortuna.

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